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“LOS MENORES ESTÁN BIEN”: UNA FAMILIA PEDÍA RESPUESTAS Y TERMINÓ LLORANDO A UN NENE DE CUATRO AÑOS

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“LOS MENORES ESTÁN BIEN”: UNA FAMILIA PEDÍA RESPUESTAS Y TERMINÓ LLORANDO A UN NENE DE CUATRO AÑOS

La abuela preguntaba. Llamaba. Volvía a escribir. Quería saber cómo estaban sus nietos. En la conversación quedó registrada esa insistencia y una respuesta que hoy pesa en el reclamo de la familia: “Los menores están bien”.

Esta es la secuencia que muestran los mensajes compartidos:

📲 7 y 8 de octubre: le informaron a la abuela que los niños habían comido, se habían bañado y se estaban adaptando bien. Las respuestas transmitían tranquilidad.

📞 9 de octubre: volvió a preguntar por sus nietos. En la conversación aparecen tres llamadas sin respuesta.

💬 10 de octubre: insistió nuevamente. Explicó que desde el día anterior no sabía de los niños y que la madre también estaba preguntando por ellos.

🕖 11 de octubre, 6:57 de la mañana: llegó el mensaje: “Los menores están bien”. Más tarde, la abuela escribió que la madre había conseguido información llamando a otro número.

🏥 El día antes del fallecimiento, según la madre: una supervisora le informó que el niño estaba pálido y tembloroso y le pidió autorización para llevarlo al médico. Ese relato obliga a esclarecer qué atención recibió y cuándo.

🕯️ 12 de octubre, fecha del fallecimiento según la publicación compartida: aparecen otras dos llamadas sin respuesta. A las 7:25 de la noche, desde el teléfono de la abuela salió un mensaje devastador: “Me dejaron morir a mi hijo”.

🚨 El hallazgo, según la abuela: encontraron al niño solo en el baño. Tenía apenas cuatro años y estaba bajo el cuidado de un hogar sustituto en Arecibo.

Ese es el punto que exige respuestas: un niño pequeño dependía de los adultos responsables de cuidarlo. La familia necesita saber quién lo supervisaba, cuándo detectaron que estaba mal y qué hicieron desde ese momento.

La llamada para solicitar autorización médica es clave. Pedir permiso para llevarlo al médico no demuestra que lo hayan llevado. Hace falta establecer si el traslado ocurrió, a qué hora y qué decisiones se tomaron. Ese tramo de la historia todavía necesita documentación.

También hay que esclarecer la comunicación entre la trabajadora social, la supervisora y la familia. Las capturas muestran preguntas insistentes y llamadas sin contestar dentro de esa conversación. Corresponde explicar qué otras comunicaciones hubo, quién conocía la condición del niño y cómo actuó.

La familia dejó un registro de sus intentos por saber de él. Ahora hace falta un registro igual de claro de lo que hicieron quienes tenían la responsabilidad de cuidarlo.

Crédito por la divulgación de los mensajes: periodista Dianerys Calderón.

Fuente adicional: El Nuevo Día: declaraciones de la madre y la abuela. Los relatos sobre la llamada médica y el hallazgo en el baño corresponden a sus versiones.

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